

El resultado no se hizo esperar y el club ganó el campeonato doméstico en cinco ocasiones del 50 al 56, con Puskas proclamándose máximo goleador del torneo hasta en tres ocasiones. Sólo la ausencia de torneos internacionales impidió que el Honved extendiera su hegemonía al resto de Europa. Más adelante llegaría la oportunidad, pero ése sería el principio del fin.
El oro de Helsinki
Con el oro al cuello llegó la confirmación de una etapa dorada en la que mucho tuvo que ver el mencionado Gusztav Sebes. Socialista convencido y viceministro de deportes en su país, la idea de ver que todos los jugadores tenían el mismo peso en el equipo con la solidaridad y el compromiso como elementos primordiales encajaba perfectamente en su ideología. Esclarecedoras resultaron las declaraciones de Gyula Grosics, el portero de aquella época: "Sebes estaba muy comprometido con la ideología socialista, y eso se podía palpar en todo lo que decía. De cada partido o competición importante hacía una cuestión política".Un "fútbol socialista", como bautizó el propio Sebes, que quedaría grabado en la memoría de los ingleses para siempre. Aquel 26 de noviembre de 1953 Wembley asistió a una de las mayores exhibiciones futbolísticas de la historia. Inglaterra, que nunca había caído en casa ante una selección que no fuera de las Islas, sucumbió ante el impresionante despliegue ofensivo del "Equipo de Oro".

Vista la trayectoria no era de extrañar que Hungría acudiera al Mundial de 1954 en Suiza como máxima favorita. Como ocurriera en los Juegos Olímpicos, el combinado húngaro se paseó hasta llegar a cuartos de final, donde esperaba la temible Brasil. El resultado fue un partido de los más violentos que se recuerdan en la historia del fútbol con tres expulsiones y tángana posterior en los vestuarios. Eso sí, Hungría pasó a semifinales.
Allí, la "Cabeza de Oro" fue suficiente para superar a Uruguay. "Cuando tenga una larga barba blanca, seguiré hablando de Kocsis, el hombre que apuntilló a Uruguay gracias a su juego de cabeza único en el mundo". Eran palabras de Roque Maspuli, el portero uruguayo en aquella semifinal. Kocsis, por cierto, acabaría siendo el máximo goleador del Mundial con once dianas. En la final, contra todo pronóstico, Alemania remontaría un 2-0 en los diez primeros minutos para dar lugar a lo que hoy se conoce como "El Milagro de Berna". Fue, como apuntó Gusztav Sebes, una "cuestión de suerte".La única derrota tras 32 partidos invictos. Tras la enorme decepción, Hungría y a menor escala el Honved continuaron su camino triunfal hasta que la política saltó al terreno de juego. En 1956, cuando el Honved estaba en Bilbao para disputar un partido de la Copa de Campeones de Europa, estalló la revolución en Budapest. Jugadores como Czibor, Kocsis o Puskas no regresarían a su país y esto supondría el fin para aquel "Equipo de Oro". El espectáculo de magia húngara se escondería, para siempre, tras el escenario.
1 comentarios:
Puskas otro grandioso y maravilloso jugador, un super goleador nato que dio Hungría y que hasta el momento no ha dado y yo creo que no dará otro jugador como Puskas
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